Esta será mi primera declaración. ¿Por
qué he decidido hablar sobre los tacos? La respuesta es bastante simple; en
este mismo momento me encuentro sumergida en un mar de vehículos desde hace
aproximadamente dos horas veinte minutos y unos diez segundos, once, doce… ¡en
fin!
Si a los extranjeros no se les hace
conocida la palabra, pasare a explicar su vital significado. La palabra “Taco”
corresponde a la definición que los chilenos damos a esa fila interminable de
vehículos motorizados que avanza a razón de 5km/hr, o incluso menos, por más de
30 minutos continuados.
Claramente esta acumulación de autos ya
se ha venido convirtiendo en parte de nuestra realidad y ha logrado transformar
nuestra rutina en algo mucho más desagradable de lo que ya es. Me refiero a que
arruina el buen humor de cualquiera, acaba con las dinámicas familiares,
constituye la mayor pérdida de tiempo durante el día y, por qué no decirlo, es
la parte más desagradable de todos lo viajes.
Sin duda consigue arruinar toda la
bonita experiencia, en especial si eres como algunas personas que conozco. Esos
individuos que se transforman con el diminuto aleteo de una mosca. El mal genio
lo tienen a flor de piel, así que sólo hace falta un taquito de diez minutos
para que se transformen al volante; ahora, si van acompañados, el desagrado se
multiplica por tres, pues le arruinan el viaje al copiloto y los pasajeros. Se
idiotizan, aceleran de golpe y frenan con la misma intención. Lo mejor que
puedes hacer es respirar profundo y tratar de ignorarlo si eres pasajero, ya
que si le llamas la atención, serás el foco de toda su ira contenida contra el
mundo.
Hay otro tipo de personas que son
inmutables, les da francamente lo mismo. De todas formas no tienen apuro en
llegar, así que se lo toman con calma. Personalmente creo que estos están en
extinción, así que si tienes uno o una de esos al lado, no le sueltes por nada
del mundo.
También está el apurado, ese que no
aguanta la espera y comienza a avanzar por la berma. Ese tipo de conductores
son muy desagradables, pues son culpables de la mayoría de los accidentes por
alcance. Generalmente son taxistas o chóferes de micro o conductores con
complejo de uno. Lo más cómico es que si les llamas la atención o les tocas la
bocina te empapelan a improperios como si fueses tu el que comete la infracción.
El consejo con estos es que te vayas por la pista por la que no se te pueden
meter, te ahorras la rabia y el mal rato.
Si observamos con más detenimiento,
también encontraremos al planificador. Generalmente es un pasajero, este se
acerca al conductor y al copiloto y comienza a comentar que las medidas de
continencia son una vergüenza, que para variar la cura es peor que la
enfermedad. Se convierten en cotorras desagradables que solo consiguen arruinar
aún más el mal humor de todos los que van sobre el vehículo. La solución es
llevar un volumen de música moderado, para que no puedas escucharlo.
Ahora bien, si en tu vehículo solo
viajan adultos, siéntete agradecido. Tener niños es una bendición, no lo
discuto, pero tener niños y viajar con ellos cuando estás atorado en un taco
tipo vuelta de Semana Santa, francamente que Dios se apiade de tu alma. Todos
sabemos que los niños tienen un tiempo de concentración limitado, que se
aburren con facilidad y que es muy difícil mantenerlos entretenidos por más de
treinta minutos sin escuchar la frase “estoy aburrido” cada diez a quince
minutos.
Si estás con niños y ya comenzaste a
escuchar el “¿cuánto falta?” o “¿falta mucho?”, prepárate para que tu auto se
convierta en la versión en miniatura del infierno de Dante. El consejo más
sabio que te puedo dar es tener algún tipo de DVD portátil o juego de video o
algo por el estilo. Los niños se hipnotizan con la pantalla y, con el fin de
resguardar tu salud mental, no sería malo tenerlo anestesiado un poquito. Como
los medicamentos están prohibidos por seguridad, acogerte a mi consejo es una
buena idea, o aplicar algunas técnicas de entretención infalibles que uno se
inventa en momentos de desesperación.
También hay grupos que optan por
meterse cada uno en lo suyo. Tengo claro que esto rompe dinámicas familiares,
pero si, con tal de resguardar la paz mental, es mejor tener a uno perdido en
el teléfono, otro con el MP4 a todo volumen en los oídos, otro inserto en un
libro de quien sabe qué cosa; no te atrevas a pedir que todos se concentren en
el famoso “TACO” o armaras una de ese peleas que se igualan a alguna Guerra
Mundial.
En caso de que te termine tocando
siempre ser el conductor designado, sería bueno que te tomes las cosas con
calma, no sacas nada con ir de mal humor por la vida, porque le arruinas el
viaje a los que van contigo y empeoras aún más el tuyo. Maneja con precaución y
sin reflejar tu malogrado estado del humor en tu forma de conducir o podrías
provocar un accidente. Naturalmente es difícil, cualquiera se enfurece (por no
decir otra palabra) cuando vez que las medidas de contingencia son una soberana
y franca estupidez. No te desquites con un pasajero si este te hace un
comentario, ten en cuenta que él o ella ha aguantado todas tus frenadas
bruscas, aceleradas sin razón, improperios a diestra y siniestra y, para colmo
se ha aguantado todo el taco igual que tú, probablemente gracias a ti, su
incomodidad se ha multiplicado por dos.
Por último, recuerden manejar con cuidado y
dentro de los límites de velocidad recomendados; después de todo, más
importante que llegar rápido, la cosa es LLEGAR BIEN.Saludos
Su 